Compromisos

por  G. K . Chesterton

El hombre que hace una promesa se cita con sigo mismo en algún lugar y en tiempo distante. El peligro que esto conlleva es que no acuda  ala cita. Últimamente, este miedo a uno mismo, a la debilidad y volubilidad de uno mismo, ha crecido peligrosamente y se ha convertido en la base real de una objeción contra cualquier compromiso. No nos comprometemos porque estamos profundamente convencidos de que, antes de respectar lo pactado, nos habremos cansado del pacto. En otras palabras, tememos que, con el tiempo, seamos una persona diferente… la rebelión contra los compromisos abarca, por supuesto el compromiso matrimonial. Es divertido escuchar a quienes se oponen al matrimonio porque creen que el compromiso es un yugo impuesto por el diablo, cuando en realidad es un yugo que quienes se aman se imponen a sí mismos. La expresión “amor libre” es una contradicción en 2 palabras, porque la naturaleza del amor es atarse a sí mismo, y la institución del matrimonio no hace otra cosa que respetar la decisión de dos personas libres, tomando en serio su palabra. Prometerse y dejar al mismo tiempo una escapatoria, una posibilidad de retirada, nos parece un engaño esterilizador del amor…

Hoy realizamos el esfuerzo persistente e insano de conseguir placer sin pagar por él: tengamos los placeres de los conquistadores sin los sufrimientos de los soldados. Pero hay que decir categóricamente  que esto no funciona así. Habrá momentos emocionantes para algunos, pero hay otra emoción que sólo es conocida por el soldado que defiende su bandera, por el asceta en su alumbramiento espiritual, por el amante que entrega su libertad. Y es esta disciplina transfiguradora de uno mismo la que hace del compromiso algo verdaderamente inteligente. A nuestro alrededor se extiende la ciudad de los pequeños pecados, llena de callejuelas y retiradas. Pero, con toda seguridad, tarde o temprano, en el puerto se alzará la llama más alta, que anuncia el fin del reino de los cobardes porque un hombre está quemando sus naves.

G.K. Chesterton, La mujer y la familia. Styria ediciones

Ser Padres

“Tenemos aproximadamente 18 años para fomentar las bases en la vida de nuestros hijos e hijas; de allí en adelante solo se dan consejos”.

He estado leyendo sobre la paternidad y en uno de los libros, el autor, se ha enfocado en sus primeros capítulos a mostrar como en la Biblia primero, los profetas y sacerdotes y luego los reyes, criaban a sus hijos, posteriormente ellos crecían y decidían si servían o no al Señor. En este último libro he visto muchas cosas importantes que me gustaría comentarles.

Primero, es que la lección base de los padres está en Deuteronomio 6: 4 – 6 : “El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y te levantes.” En este sentido, si nos fijamos bien, El Señor en su palabra nos da a entender que los padres deben estar con los hijos en su casa, en el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten. Cosa que en algunas familias no pasa debido a que dejan a la familia en segundo plano y ponen al trabajo en el primer lugar, y la justificación que se da es: “Si no trabajamos no comemos, ni nos vestimos, ni puedo ofrecerte estudios”, que probablemente es la verdad, pero la otra parte de la balanza es que si lo que hacemos es puro trabajar cuando nuestros hijos crezcan no nos reconocerán, y es lamentable ver que nada de (regalos, viajes, zapatos caros, entre otros) compra el precioso tiempo que hijos e hijas necesitan de nosotros. Todo en equilibrio, ni un extremo ni otro.

Segundo, también me fije que hubo sacerdotes y profetas que sirvieron a Dios, pero sus hijos DECIDIERON no seguir el mismo camino. Les confieso, me ha costado mucho asimilar que uno como madre, padre, tío(a), hermano(a) mayor, da consejos para que el niño o niña no se extravié, pero al final, son ellos los que deciden que opción tomar y que hacer con sus vidas. Por eso es tan importante las bases que se le pueden dar a los hijos los primeros años de vida: los valores, el vivir conforme a la voluntad de Dios, entre otros. Luego de esta edad, ellos decidirán que hacer con su vida y nosotros, aún como padres, podremos reprenderlo y guiarlo (más aún si viven bajo tu mismo techo, porque hay un poco más de control en las cosas que hacen), pero igualmente, serán ellos y ellas quienes tendrá la última palabra.

Tercero, según se nos presenta en el libro, no se exige que seamos padres PERFECTOS, se requieren padres que sepan arrepentirse cuando cometan un error, rectifiquen y vuelvan a tomar el camino adecuado. También se hace énfasis en que un padre está formando un futuro padre, pues nuestros hijos crecerán y se convertirán, si Dios quiere, en padres también. Recuerda: “Se predica con el ejemplo”.

Cuarto, es fundamental que la relación de la pareja (mamá y papá) este estable, con el fin de afrontar JUNTOS cualquier adversidad, pequeña o grande que se presente. Se hace hincapié en que la pareja debe estar unida y no halar cada quien para su lado, porque de ser así el problema pudiera empeorar.

Para finalizar, quiero insistir en lo importante que es el tiempo que padre y madre dedique a sus hijos. Yo Soñando e imaginando, buscando una solución a la falta de una familia unida, se me ocurre, que en las vacaciones escolares, se crearan campamentos familiares, algo así como la película “Más barato por docena. Parte II”, pero que lo juegos en vez de ser competitivos sean colaborativos, para que se enfoquen en su familia y no en ganarle a otra familia, algo que los lleve a unirse más; que los padres conozcan un poco más de los talentos y gusto de sus hijos e hijas, y que estos a su vez conozcan la parte humana (lágrimas, historias de su vida cuando adolescentes, entre otros) de sus padres, fortalecerá los lazos familiares enormemente

“Si se difiere del arrepentimiento, el pecado se fortalece y el corazón se endurece. Cuanto más tiempo se deja congelar el hielo, más difícil es quebrarlo”.

Thomas Watson