Estás conmigo antes de que yo lo supiera

Un día cuando niña, ya me tocaba dormir, al acostarme pensé: “Ojalá existiese un hombre que pudiera cargar con él todas las enfermedades, la muerte, los delitos”, probablemente la inseguridad;  la infidelidad y  la separación de los cónyuges, ambas cosas que tanto daño hace a la familia y en especial a los niños.

Saben, en aquella oportunidad me lo imaginaba cojo, con los ojos uno más pequeño que el otro y me lo imaginé alejándose de este mundo para que no pudiera volver más nunca, y esas cosas malas nunca más volvieran.

Me lo imaginaba muy feo a decir verdad, pero no tenía idea de quien era … hasta que te conocí Señor.  Eres tan real como aquella noche en mi imaginación; te había vislumbrado con otro rostro, pero ahora mis ojos conocen con tu rostro real. Eres el hombre que carga con todo lo malo de este mundo, con todo el pecado. Perdóname, pero me asombró mucho al saber cuanto nos amas, que decidiste dar la vida y cargar con el peso que nos tocaba, para así poder hacernos libres, verdaderamente libres.

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La imaginación y la palabra

Hace un tiempo ya, que se me despertó un gusto por las palabras (a pesar de mis errores ortográficos) y creo que todos aquellos que disfrutamos la lectura sentimos aunque no lo sepamos, ese gusto, esa fascinación por ellas. A través de éstas podemos hacer muchas cosas, ejemplo: comunicarnos con otros y con nosotros mismos. Sí, las necesitamos para hablarnos a nosotros mismos, necesitamos combinar la letra “y” con la letra “o” para decir “yo”. Es algo realmente increíble y profundo. Los humanos somos seres capaces, entre otras cosas, de hablar, y Dios mismo también, de seguro en ese misterio está impreso aquello de “a imagen y semejanza”. La palabra es dada de Dios para el hombre, para precisamente comunicarse. Yo hace un tiempo no hablaba a Dios y cuando digo hablar es hablar, sólo pensaba palabras en mi mente, y eso está bien, hay personas que no hablan a Dios, sino que piensan las palabras entendiendo que Dios lee nuestro pensamientos, y no está mal, pues Dios sondea lo profundo de nuestros corazones. Pero tuve un cambio, (porque en el fondo de mí sentía que era ridículo hablar articulando las palabras a Dios). Hasta que un día escuché un versículo (Ct 2,14) que me quitó toda la mudez con Dios y entendí que a Dios le gusta que le hablemos con nuestra boca. Hoy día me resulta sorprendente pensar que Dios nos ha dado la boca, la lengua, el pensamiento y las palabras para que le hablemos y los oídos para escucharlo.

Las palabras son capaces de crear imágenes en nuestra mente, son capaces de expresarnos, contarnos o que podamos comunicar a otros lo que nos sucede, en el caso de los sentimientos o algún dolor físico de nosotros o el de alguien y también nos mueven interna o externamente según sea el caso. Nos llevan a muchos lugares a través de la descripción y narración u otras formas, este es el caso de los libros. A mí me gusta leer porque es como ver tu propia película donde tú eres el director, siguiendo los pasos del escrito, la imaginación vuela con efectos especiales que los del cine se quedarían cortos; cuando pasa esto es que decimos “mejor es el libro que la película”. Sin duda alguna, nos gusta soñar, en especial a los que nos atrae no se si a todos les llama la atención, los cuentos fantásticos que cuentan de espadas, héroes, princesas y caballos. Parafraseando a C.S. Lewis, Toda esa magia de todos esos mundos creados por algún autor, toda esa fantasía, aventuras y sueños que nos fascinan, en el fondo es la búsqueda y el anhelo de Dios, cosa que comparto plenamente con él. y se ve en la taquilla de las peliculas de ese estilo, ese no se que está impreso en el ser humano.

A mí me ha resultado tan grato o casi un sueño hecho realidad saber que mis sueños de niñez de guerra, reyes, príncipes, y hasta espadas se han hecho realidades, desde que se reveló el reino de Dios a mi vida. Sirva este escrito de introducción para empezar a escribirles sobre Las crónicas de Narnia.

¡Viva el Rey!