¡Feliz Navidad desde África!

Aunque estamos en el mes de Enero y ya la navidad paso, pienso que este titulo a lo mejor esta un poco a destiempo, sin embargo, apartando el hecho que la tierra vuelva una vez mas a dar la vuelta al sol, le hago caso omiso a tal movimiento de nuestro planeta y al día que marca mi calendario para decirles que el sol de África es el mismo sol que nos ilumina, aunque tal vez no nos percatemos de ello, aunque tal vez pensemos que África esta muy lejos, o quizás África es una historia triste de otro mundo, pero no, es el mismo mundo que pisamos y mas que historia son realidades diarias. En esta Navidad quería compartir algo como lo que continuación les coloco pero no había encontrado nada, el Señor me mando estos escritos y me pareció urgente compartirlos y hacerme ecos de ellos mas a delante colocare otros

Desde Centroáfrica hasta España, 5.000 kilómetros nos separan. Pero la
Navidad nos vuelve a unir, con cada uno de vosotros, con mi madre, mis
hermanos y mi familia, con el Señor Obispo de Córdoba y el Cabildo, con
todos los amigos de la Fundación y de la Delegación de Misiones, con los
amigos de los bancos y de la prensa, del Reina Sofía, con todos los que
rezan por Bangassou y sus gentes.

Vosotros estaréis preparando la cena en familia, el belén de musgo y
pastorcillos, los regalos para todos, en el calor del hogar. Yo cantaré el
“Gloria in excelsis Deo” en la selva, a muchos kilómetros de Bangassou, con
la gente pobre de las comunidades más alejadas. Lejos de la selva de asfalto
de nuestra Córdoba natal, yo iré por pistas que son como los cortafuegos de
la Sierra entre los olivos, pero por pistas llenas de rocas, agujeros,
árboles caídos, vegetación exuberante y animales salvajes. Unas comunidades
en plena selva me recibirán con calor y serán mi familia para esta Navidad.

Vosotros iréis con bufanda. Yo en camiseta por la selva, buscando sombras y
oyendo el runruneo de los mosquitos.

Vosotros preparando la cena familiar del 24 noche. Yo preparando los
bautismos de la Misa de esa noche. Después de la Misa la gente cantará hasta
cansarse y bailará al ritmo del tamtan y luego, derrotados, con el estómago
vacío pero el corazón contento, se irán a dormir para estar preparados para
la Misa del 25 a las 8 de la mañana.

Yo me iré a mi cabañita de paja y barro a encender el fuego con el que
calentar una sopita de fideos y abrir una lata de melva en aceite de oliva
que mi amigo Paco Navas me dejó después de estar un mes aquí, enderezando
articulaciones deformes con la magia de sus manos…

5.000 kilómetros no es nada para un corazón sin puertas ni ventanas.

Yo estaré un poco allí, en vuestra selva de acero y hormigón y vosotros
estaréis un poco aquí acompañando a nuestro Niño en cuna de barro.

El Niño Jesús no nació con calzones puestos en cuna de oro, como diría mi
tío, sino desnudo como todos los pobres.

Además, el nuestro, el de Bangassou, está ya crucificado porque ya desde la
cuna es el símbolo de todos los apaleados de la vida, de los enfermos de
sida, de los huérfanos de Bangassou, de las abuelas que sueñan una vida
mejor. En esta selva hay todo un pueblo crucificado que mira a su Señor,
también crucificado, ante la mirada perdida de María y de José.

Este Niño en cuna de barro tiene la mirada de Silvia, 35 kilos de peso
corporal, que me agarraba la mano ayer en el centro de acogida para
terminales, en “El Buen Samaritano”. El Niño de Bangassou tiene el rostro
contraído de los enfermos terminales.

Este Niño tiene la mano atravesada, como la mano de aquel que dejó sus
guantes en la valla de espinos cerca del mar y cayó al suelo, su pierna
también destrozada, por una bala de goma que es igual de asesina que las
otras.

Este Niño está sediento como las bocas de aquellos que echaron a patadas al
desierto (“vuelvan a sus países” les decían, a 500 kilómetros de
distancia…) mientras en la capital le decían al Señor Ministro: “problema
casi resuelto”.

Bocas de labios agrietados que van cayendo en la arena, susurrando antes de
morir deshidratados que no todos tienen la suerte ni las piernas de Samuel
E’Too.

Este Niño de Bangassou tiene nombre, se llama Daniel, o Freddy, o Rebeka y
tiene el vientre lleno de amebas, las uñas sucias de hurgar en la basura y
el pelo contaminado de tiña. Niño como Alan, que disfruta con una simple
muñeca de las que ríen y que lloran al tocarlas, Niño que pinta camisetas y
juega al balón con una pelota de goma arábiga enrollada en hilos como una
madeja. Niño de Bangassou que es también vuestro cuando financiáis un
proyecto, cuando decís una oración, cuando ponéis mi nombre en el sagrario
de vuestro corazón.

Este Niño, que muchos conocéis por foto, os sonríe, os dice “merci” y os
desea una Feliz Navidad a todos.

Yo también, haciendo mutis por el foro para irme con mi Niño, de manos
regordetas pero crucificadas, os deseo una feliz Navidad.

Mons. Juan José Aguirre

Obispo de Bangassou

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