Oración de la noche

Vuelve a su silencio la tierra.

Pasa el brillo vivo,

reina la serenidad.

Y parece ser tu misma mano,

la que nos cubre,

y nos rodea al descender.

Todo se detiene,

todo llama a guardar el corazón,

para adorarte.

Y parece que asomara tu presencia,

y golpeara suavemente

nuestra puerta,

ocupando en el silencio

de la noche,

ese lugar

que solo tú, Señor,

puedes ocupar.

Vela tu mirada en la noche.

Firme como el cielo es tu fidelidad.

Y aunque estén quizás muy vacías,

Nuestras manos elevamos hacia Ti.

Porque sabemos,

Que no hay nada que no llene tu bondad.

Y eso nos basta.

Cuna que pronuncia tu nombre,

Descansa la Tierra, mecida en tu amor.

Y suben las mil armonías,

Del coro inmenso que te alaba al existir.

Y al contemplarte,

Entendemos el secreto del porqué

De nuestra vida.

Eduardo Meana