Bangassou IV “cuando” poema

Cuando te ví por primera vez, te conocía sólo de oídas.
Cuando te acercaste a mí, apenas te miré de reojo.
Cuando pronunciaste mi nombre, te vi sonreír malicioso.
Cuando dejé todo por ti, no te hiciste muchas ilusiones.
Cuando caí, me esperaste.
Cuando te busqué, no estabas lejos.
Cuando te di la espalda me dijiste: ¿Donde vas?
Cuando hice como que no te veía, viniste a habitar mi indiferencia.
Cuando a tientas busqué un amigo, estabas allí por casualidad.
En el silencio más negro, te sentía respirar.
En el ojo de la tempestad, estabas pero dormido.
Junto al fuego de tu hoguera, llenaste mi soledad.


Y AHORA TE SIGO:
Derrotado, como Tú, pero ileso.
Condenado a la cruz, como Tú, pero vivo.
A menudo solo, como Tú, pero a tu lado.
Haciendo el bien, como Tú, pero en tu nombre.
Dando vueltas, como Tú, pero en tu barca.
Gritando en el desierto, como Tú, pero contigo.
Con pocos medios, como Tú, tan solo rico de tí.

 Mons. Juan José Aguirre
Obispo de Bangassou (Centroáfrica)
Fundación Bangassou

Esta letra  le puso música Martín Valverde  en el  disco “intimo” muy buena

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Bangassou otros escritos (III/III)

El siguiente texto me mostró que aunque se viva en la  pobreza las personas necesitan de la salvación y que Dios está mas vivo que nunca, quedé conmovido por el Espíritu al terminar de leerlo.

“Un día me encontraba en uno de los 30 poblados de mi parroquia en la selva.Por la tarde fui a ver adonde la gente cogía el agua. Muchas veces es una charca contaminada donde con el tiempo lograremos cavar un pozo; ese día no había agua. Por ser la época seca el agua se había secado y sólo quedaba una gran explanada de barro fétido.

Cuando me volvía a mi cabaña una mujer venía hacia la charca con un gran balde de aluminio en la cabeza. Le dije: “¿Dónde vas?, el agua se ha secado.

Ella me dijo: “No voy a buscar agua, voy a pescar.

¿A pescar?, ¡si no hay agua, sólo queda fango!

Y ella, práctica mujer africana, en vez de darme largas explicaciones me dijo: ” Ven y lo verás”.

Llegó al fango y se arremangó la falda. Se hundió en él hasta el muslo y llegó a un gran árbol de esparcidas raíces que se encontraba en el centro del lodazal. Entre ellas se arrodilló y hundió su brazo hasta el hombro tanteando en la fétida mezcla hasta que, de un movimiento rápido, atrapó algo.

Sacando la mano me la enseñó y dijo: ¿Ves?

No veo nada. ¡Sólo barro y algo que se mueve en tu mano!.

Deja que lo lave y verás que es un pez. Luego lo llevarás a tu cabaña y podrás comértelo esta noche. Y siguió pescando.

Pocos días después teníamos la fiesta de los primeros bautismos en aquel poblado. Aquella mujer también iba a ser bautizada. Ella se acercó y me dijo:

“¿Te acuerdas, “barani” (padre) el día en que te encontré y te enseñé a pescar en el fango? Pues bien, ayer, los que hemos sido bautizados hoy, eramos como aquel pez que vivía dentro del lodo, en la oscuridad más absoluta, codeándose con los demás, hambriento, sucio y maloliente.

Jesús fue aquel a quien Dios envió a nuestro mundo, al fango de nuestro pecado, y metiéndose dentro de él, aunque no completamente, nos fue pescado uno a uno.

Antes vivíamos en la oscuridad del pecado pero hoy nos ha sacado a la luz del Evangelio y nos ha lavado con el agua del bautismo. Antes olíamos mal pero hoy Jesús nos ha purificado con aceite oloroso. Antes nos molestábamos unos a otros por la falta de espacio y nos debatíamos en el barro pero hoy Jesús nos ha dado a comer el pan de la Eucaristía y nos ha hecho vivir como hermanos. Antes nos arrastrábamos como animales en el lodo. Hoy Jesús nos ha sacado y nos ha hecho entrar en el “nguende” (lugar) de los hijos, de los herederos de Dios.

“Mbali Kinahon”. (Dios es grande).”

Mons. Juan José Aguirre
Obispo de Bangassou

Cartas desde Bangassou (II/III)

Seguimos con los escritos de Juan José obispo de Bangassou, el texto es  largo pero más que largo doloroso.

“Queridos amigos:
Vivo en una las regiones más apartadas del mundo, en el centro mismo de África, envuelto en millones de metros cúbicos de selva, en una zona que se llama Bangassou. Llegué en el 1980, con 26 años y hasta hoy no me cansado de vivir aquí. Ni los mosquitos, ni las guerras tribales, ni la desnutrición ni las pistas de barro en un estado lamentable me han quitado la idea de volverme a España. Porque las gentes de por aquí son las más pobres de esta tierra, pobreza física y moral, pobreza que muchas veces brota de la ignorancia y que es una de de las más graves formas de pobreza.

Desde hace unos 15 años toda la población de la región de Bangassou (900 Kilómetros de este a oeste) está recibiendo en pleno rostro la mayor tragedia que le ha tocado vivir en toda su historia: el sida. Una tragedia que se ceba en ambientes de alto riesgo como el nuestro, zona de analfabetismo y promiscuidad, en gentes con una media de vida al nacer de 48 años, con poquísima calidad de vida y pocos medios de luchar contra este virus. Desde que las misiones católicas han tomado carta en el asunto y hemos comenzado una campaña de sensibilización antisida en toda regla, la pandemia no ha hecho que crecer:
Si en 1987, el 7’8% de la población estaba contaminada, 1999 ya lo estaba el 14% y hoy día calculamos que son entre el 18 y el 20%, sobre todo en la banda de edad de 15 a 35 años. De cada 4 infectados seropositivos, 1 es varón y 3 son hembras, no porque las hembras sean más libertinas, sino porque la parte interna de su cuerpo es más frágil y más sensible a desgarros que, a la larga, les acarrean la contaminación del virus VIH.

 

No hay día que no tengamos que enterrar una parte de nuestra juventud. Jóvenes de 20 años ya dejan huérfanos. Las hemos visto apagarse, en fase Terminal, la boca llena de llagas blanquecinas (candidans) típicas del sida o de herpes purulentos. Sin ninguna medicación antisida en este agujero de Africa, nuestra gente muere como moscas y deja un reguero de huérfanos a la merced de un destino incierto y despiadado.
En toda la region de Bangassou, con el 20% de la poblacion seropositiva, los misioneros y misioneras ha unido todas sus fuerzas para combatir el sida. Estamos luchando contra el sida a 4 niveles:
* sensibilisación con capañas apropiadas y a través de un folleto en lengua sango impreso en España donde se dan a conocer todas maneras para luchar contra esta enfermedad maldita como la fidelidad conjugal o la abstinencia, la vida sana o el preservativo. Cualquier manera es válida para parar esta masacre. Trabajamos con mucha gente que no es católica por lo que el preservativo es otro método más, aunque no es ciertamente el más eficaz (en plena selva son vendidos al sol, no hay dinero para procurarlos, se usan y se reusan…).

 

* Un centro de analítica para descubrir los seropositivos y un centro de “consuling” para llegar a adquirir, a través del diálogo y el intercambio, una mirada serena y positiva sobre la enfermedad cuando se la padece y, de la familia, sobre los que la padecen. Este centro ya funciona desde hace dos años en Bangassou.

 

* Para luchar contra las consecuencias del Sida, acabamos de construir un orfanato para 40 camas, que pueden ser 80 si duermen de dos en dos. Los huérfanos vienen cuando mueren las abuelas que los cuidan y estos se quedan completamente solos. En Bangassou tenemos recensados 550 huérfanos en situación de precariedad. 140 han sido escolarizados en el colegio privado de la misión junto a los niños de las familias mejor instaladas de Bangassou y otros 370 han sido escolarizados en las escuelas públicas.

 

* Finalmente, hemos construido de un centro para acogida de enfermos terminales de Sida cuando las familias no pueden más. Sin triperapia y con escasísima calidad de vida, la enfermedad aqui es mortífera en poco tiempo. Este centro ha sido construido entre marzo y mayo de 2005 y es para unas 30 camas. Nuestro deseo, por ahora, es que mueran con dignidad y calor humano. Pero nos siguen faltando desesperadamente las medicinas.

 

El caso es que las medicinas antisida se pueden encontrar ya en la capital de Centroáfrica, Bangui. Se llama Triamune y es una combinación de tres medicamentos (Estavudina D4T, Lamivudina 3TC y Nevirapina) Con y con muchos contactos, se podría comprar por 15.000 francos centroafricanos al mes, es decir unos 22’86 euros, 274’43 € para un año entero. Nuestro sueño sería de poder elegir a 100 madres jóvenes con crios en la espalda. Darles un año suplementario de vida, a ella y a los niños. Junto con las medicinas, haría falta una buena alimentación, sueño en abundancia, calidad de vida. Entonces ese año se convertiría en vaios años. Luego nos pondríamos en las manos de la providencia para conseguir que las medicinas sean gratuitas en centros como el nuestro a través de organismos internacionales.

 

Hoy en dia, bastarían 274.430 € para que este sueño se hiciera realidad: 100 madres salvadas del agujero del sida prolongando sus vidas. Si en vez de 100 son sólo 50, bastaría para ganar una sola batalla de esta lucha contra el reloj.

 

Tenemos personal especializado, laicos y religiosas para atender el centro. Pero hasta que alguien se atreva a hacer llegar las medicinas a Centroáfrica, no nos queda más remedio que llorar y patalear y hacer lo que llamamos aqui una “pastoral de la consolación”.

Mons. Juan José Aguirre
Obispo de Bangassou

Bangassou Cuando llegue a África (I/III)

 Esta es la realidad de un hombre que voy a permitirme colocarles, ya anteriormente lo mencioné en el post:  “Feliz Navidad desde África”.

Ahora les colocaré otros escritos de sus cartas y diario.

 Cuando llegue a África  

Llegué a la República Centroafricana en 1980. Tenía 26 años.

Con una mano llevaba la maleta. Con la otra agarraba un enorme saco invisible a la espalda lleno de ideas luminosas, esquemas de catequesis, análisis sociológicos, programas y ponencias innovadoras…

Me mandaron a una misión en la selva, a 6 días de coche del primer teléfono, con una tribu primitiva, los Azande, que desde un primer momento acepté como hermanos.

Gracias a Dios, a los pocos meses llegó un ratoncito bondadoso que hizo un agujero a mi saco por el que, poco a poco, se fueron cayendo casi todos los esquemas, programas y resúmenes y me ayudó a aterrizar en la selva.

Un catequista me enseñó un día que Jesús, en su sinagoga de Nazaret, fracasó estrepitosamente y que, sin embargo, sentado junto a un pozo en Siquen, creó el espacio para un encuentro y llegó al alma de la samaritana.

Así yo también intenté bajar de mi cátedra y me fui casa por casa creando, como Jesús, “espacios de encuentro”.

Haciendo así “aprendí a aprender”, el Señor me abrió el oído sordo para comprender y oír lo que siempre había estado allí pero no escuchaba.

Tiré el saco a la selva y empecé a ser misionero.

Mons. Juan José Aguirre
Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

¡Feliz Navidad desde África!

Aunque estamos en el mes de Enero y ya la navidad paso, pienso que este titulo a lo mejor esta un poco a destiempo, sin embargo, apartando el hecho que la tierra vuelva una vez mas a dar la vuelta al sol, le hago caso omiso a tal movimiento de nuestro planeta y al día que marca mi calendario para decirles que el sol de África es el mismo sol que nos ilumina, aunque tal vez no nos percatemos de ello, aunque tal vez pensemos que África esta muy lejos, o quizás África es una historia triste de otro mundo, pero no, es el mismo mundo que pisamos y mas que historia son realidades diarias. En esta Navidad quería compartir algo como lo que continuación les coloco pero no había encontrado nada, el Señor me mando estos escritos y me pareció urgente compartirlos y hacerme ecos de ellos mas a delante colocare otros

Desde Centroáfrica hasta España, 5.000 kilómetros nos separan. Pero la
Navidad nos vuelve a unir, con cada uno de vosotros, con mi madre, mis
hermanos y mi familia, con el Señor Obispo de Córdoba y el Cabildo, con
todos los amigos de la Fundación y de la Delegación de Misiones, con los
amigos de los bancos y de la prensa, del Reina Sofía, con todos los que
rezan por Bangassou y sus gentes.

Vosotros estaréis preparando la cena en familia, el belén de musgo y
pastorcillos, los regalos para todos, en el calor del hogar. Yo cantaré el
“Gloria in excelsis Deo” en la selva, a muchos kilómetros de Bangassou, con
la gente pobre de las comunidades más alejadas. Lejos de la selva de asfalto
de nuestra Córdoba natal, yo iré por pistas que son como los cortafuegos de
la Sierra entre los olivos, pero por pistas llenas de rocas, agujeros,
árboles caídos, vegetación exuberante y animales salvajes. Unas comunidades
en plena selva me recibirán con calor y serán mi familia para esta Navidad.

Vosotros iréis con bufanda. Yo en camiseta por la selva, buscando sombras y
oyendo el runruneo de los mosquitos.

Vosotros preparando la cena familiar del 24 noche. Yo preparando los
bautismos de la Misa de esa noche. Después de la Misa la gente cantará hasta
cansarse y bailará al ritmo del tamtan y luego, derrotados, con el estómago
vacío pero el corazón contento, se irán a dormir para estar preparados para
la Misa del 25 a las 8 de la mañana.

Yo me iré a mi cabañita de paja y barro a encender el fuego con el que
calentar una sopita de fideos y abrir una lata de melva en aceite de oliva
que mi amigo Paco Navas me dejó después de estar un mes aquí, enderezando
articulaciones deformes con la magia de sus manos…

5.000 kilómetros no es nada para un corazón sin puertas ni ventanas.

Yo estaré un poco allí, en vuestra selva de acero y hormigón y vosotros
estaréis un poco aquí acompañando a nuestro Niño en cuna de barro.

El Niño Jesús no nació con calzones puestos en cuna de oro, como diría mi
tío, sino desnudo como todos los pobres.

Además, el nuestro, el de Bangassou, está ya crucificado porque ya desde la
cuna es el símbolo de todos los apaleados de la vida, de los enfermos de
sida, de los huérfanos de Bangassou, de las abuelas que sueñan una vida
mejor. En esta selva hay todo un pueblo crucificado que mira a su Señor,
también crucificado, ante la mirada perdida de María y de José.

Este Niño en cuna de barro tiene la mirada de Silvia, 35 kilos de peso
corporal, que me agarraba la mano ayer en el centro de acogida para
terminales, en “El Buen Samaritano”. El Niño de Bangassou tiene el rostro
contraído de los enfermos terminales.

Este Niño tiene la mano atravesada, como la mano de aquel que dejó sus
guantes en la valla de espinos cerca del mar y cayó al suelo, su pierna
también destrozada, por una bala de goma que es igual de asesina que las
otras.

Este Niño está sediento como las bocas de aquellos que echaron a patadas al
desierto (“vuelvan a sus países” les decían, a 500 kilómetros de
distancia…) mientras en la capital le decían al Señor Ministro: “problema
casi resuelto”.

Bocas de labios agrietados que van cayendo en la arena, susurrando antes de
morir deshidratados que no todos tienen la suerte ni las piernas de Samuel
E’Too.

Este Niño de Bangassou tiene nombre, se llama Daniel, o Freddy, o Rebeka y
tiene el vientre lleno de amebas, las uñas sucias de hurgar en la basura y
el pelo contaminado de tiña. Niño como Alan, que disfruta con una simple
muñeca de las que ríen y que lloran al tocarlas, Niño que pinta camisetas y
juega al balón con una pelota de goma arábiga enrollada en hilos como una
madeja. Niño de Bangassou que es también vuestro cuando financiáis un
proyecto, cuando decís una oración, cuando ponéis mi nombre en el sagrario
de vuestro corazón.

Este Niño, que muchos conocéis por foto, os sonríe, os dice “merci” y os
desea una Feliz Navidad a todos.

Yo también, haciendo mutis por el foro para irme con mi Niño, de manos
regordetas pero crucificadas, os deseo una feliz Navidad.

Mons. Juan José Aguirre

Obispo de Bangassou