Fe (La preocupación última)

Lo siguiente es un resumen que realicé sobre el libro “Dinamica de la fe” de Tillich.

La fe es un estado de experimentar una preocupación última. El hombre como todo ser viviente se preocupa por muchas cosas, sobre todo por aquellas que condicionan su misma existencia, tales como alimento y techo. El hombre también experimenta preocupaciones espirituales, cognoscitivas, estéticas, sociales, políticas, entre otras. Un ejemplo de preocupación última por el “éxito” la posición social y el poder económico, es el dios de mucha gente en la cultura occidental, altamente competitiva y hace lo que debe hacer toda preocupación última, exige una entrega incondicional a sus leyes, inclusive si el precio a pagar es el sacrificio de las relaciones humanas, la convicción personal y el Eros creativo.

La amenaza es el fracaso social y económico, y las promesas tan indefinidas como todas las promesas de esa especie es la realización del propio ser.

Una fe depositada en algo erróneo, una vez que alcanza su cumplimiento que esta fe había prometido, demuestra su vacuidad, en este momento se hace necesario afirmar con fuerza e insistencia que en todo acto de fe hay una afirmación cognoscitiva, no como resultado de un proceso independiente de investigación, sino como un elemento inseparable del acto total de aceptación y entrega, ello también excluye la idea de que la fe es el resultado de un acto independiente de la voluntad de creer; sin duda alguna hay por parte de la voluntad una afirmación de aquello que conforma un estado de preocupación última, pero la fe no es una creación de la voluntad, la fe no es un arranque emocional, aunque está presente la emoción como en todo acto humano, la fe tiene un contenido cognoscitivo y es un acto de la voluntad.

En la fe verdadera la preocupación última es una preocupación acerca de lo verdaderamente último; mientras que en la fe idólatra las realidades preliminares finitas se elevan a entidades últimas y la consecuencia de ésto es la decepción existencial de dicha fe idólatra. Creemos en las autoridades, confiamos en sus juicios, aunque nunca de manera incondicional, pero no tenemos fe en ellas. La fe es más que confianza en las autoridades, bien la confianza es un elemento de la fe.

La fe precede a la obediencia y no es producto de ella. Ningún mandamiento que exija creer, así como ninguna voluntad de creer pueden crear la fe. Ni los argumentos que incitan a creer ni la voluntad de creer pueden crear la fe. La fe como acto de toda persona contiene en su seno fuertes elementos emocionales. La emoción siempre expresa el compromiso de la totalidad de la personalidad en un acto de la vida o el espíritu.

El hombre es finito; su razón vive en preocupaciones preliminares, pero el hombre también es conciente de su infinitud potencial y esta noción aparece como su preocupación última, como fe. Si la razón es capturada como preocupación última es conducida mas allá de sí misma, pero no por ello la razón deja de ser finita. La ciencia no tiene derecho ni poder para interferir con la fe y ésta carece de poder para interferir con la ciencia. Una dimensión de sentido no es capaz de interferir con otra. Ni la verdad científica ni la histórica pueden afirmar o negar la verdad de la fe. La verdad de la fe no puede afirmar ni negar la verdad científica o histórica. ¿En que sentido se puede hablar entonces de la verdad de la fe si no se la puede juzgar mediante ninguna otra clase de verdad, sea científica, histórica o filosófica? La respuesta surge de la naturaleza de la fe como el estado de experimentar una preocupación última. Desde el punto de vista subjetivo, debemos decir que la fe es verdadera si expresa de manera adecuada una preocupación ultima, la fe es verdadera si su contenido es realmente último.

Sin la manifestación de Dios en el hombre resulta imposible la cuestión de Dios y la fe en Dios, no hay fe sin participación, quien tiene fe está separado del objeto de su fe, de lo contrario lo poseería. En la vida de la fe no se puede eliminar ni la fe ni la duda, a pesar de que ambas pueden reducirse al mínimo, y el fanatismo es el síntoma inconfundible de la duda reprimida; la duda no se vence mediante represión sino con valentía. La preocupación incluye por definición el deseo de actuar, por supuesto, que la clase de acción depende de la clase de fe.

La fe es un concepto y una realidad difícil de captar y describir. Casi todas las palabras empleadas para describirla, inclusive las anteriores están expuestas a nuevas interpretaciones equivocadas. No podría ser de otro modo, pues la fe no es un fenómeno a la par de los otros, sino un fenómeno fundamental de la vida el cual es religioso y trasciende la religión, es universal, es concreto, es infinitamente variable y siempre es el mismo. También es posible y necesaria en nuestra época, si se entiende la fe según sus características fundamentales, el hecho de ser preocupación última, que ni la ciencia moderna ni ninguna clase de filosofía puede minarlas, y no puede ser desacreditada por sus distorsiones supersticiosas o autoritarias dentro o fueras de las iglesias, las sectas y los movimientos. La fe se sostienen a sí misma y se autojustifica contra aquellos que la atacan, pues solo pueden atacarla en nombre de otra fe.

 

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