¿Qué hacer con mi dinero? y ¿Con mi corazón? (Parte II/III)

¿Se acuerdan de la hermana cristiana que les comente en la primera parte de este texto? Bueno, ella también me comentó que esos niños tienen hermanos (as) en otras casas hogares.Pasó el tiempo y tuvimos la oportunidad de conversar vía telefónica y ella me dice que ese día otra hermana asistiría a una reunión con unos niños que eran de la calle y estaban en una casa hogar; el motivo de la reunión era para despedirlos, pues debían mudarse a otro estado del país. Llame a la otra hermana, a la que cariñosamente llamo “De Calculta”, pero ella no lo sabe jeje. Nos encontramos y fuimos a la reunión; junto con ella estaban otros hermanos y hermanas. Íbamos directo al sitio y yo aún no sabía lo que me esperaba.

Al llegar, nos recibieron niños, esta vez sólo niños y adolescentes varones (las edades comprendidas entre 6 y 15 años), con un beso en la mejilla y con un poco de timidez. Al entrar a la casa, ellos habían preparado el patio como si tuvieran una verdadera fiesta. Algunos estaban arregladitos y los que no (adolescentes en su mayoría) no querían salir, porque les daba pena. Sin embargo uno de los hermanos, que había trabajado allí durante años, y que por motivos personales se había retirado, fue y los llamó. Vi que lo querían mucho y lo respetaban, y por eso decidieron salir. Nos conocimos y jugamos béisbol cristiano. Pase un poco de pena, pues le dije a uno que formara parte del equipo y no me di cuenta que el chico era mudo, sin embargo tenía una gran disposición de compartir con nosotros. Debo confesarle que me poncharon 2 veces (que horror, debo memorizar más los textos de la Biblia).

 Luego para retirarnos, se oró y la hermana que me invitó, hablo que no abandonáramos nunca nuestros sueños. Pregunte por sus sueños, algunos estaban bien claros de los que querían, otros no me quisieron decir. Vi uno de ellos con miedo de compartir sus sueños y que otro se burlara, así que decidió no contestar y bajar la cabeza. Nos despidieron con mucho cariño y uno de los niños más pequeños salio a despedirnos hasta la puerta.

En el viaje hasta el metro, de nuevo sucedió como la primera vez: Conocí la historia de aquellos pequeños hombres, por cierto algunos, hermanos de sangre de los primeros niños que conocí en la otra casa hogar. Debo recalcar que todas las historias son importantes, sin embargo hubo unas que me conmovieron más que otras. Una de ellas era el caso de uno de los más pequeños. Me extraño que él tuviera una cicatriz en su cara, el hermano cristiano me cuenta que a él lo había encontrado en una casa cuando solo tenía meses de nacido y estaba amordazado; su madre se iba a la calle y lo dejaba amarrado.Me enteré que de todos uno solo no conocía a su madre (no recuerdo que fue lo que paso con ella) y que el padre lo abandonó. El joven se deprime mucho por esta situación y de verdad no es para menos. Pienso que el Señor los ha llenado de mucha fortaleza para seguir adelante. El Señor hace su obra en ellos

. “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá”

Salmo 27:10

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